Casi todos los fármacos “nuevos” son viejos

Miguel Jara

 
Un nuevo estudio de investigadores independientes ha encontrado que alrededor del 85% de nuevas especialidades farmacéuticas ofrecen pocos o ningún beneficio nuevo y que además tienen riesgo de causar un perjuicio grave para quien las tome. Esta ha sido una de las muchas cosas que hemos debatido estos dos días pasados en Bilbao en las Jornadas sobre medicalización de la salud desarrolladas
por Osalde (Asociación de sanitarios por la salud) y el centro cultural
Alhóndiga. La información me llega a través del médico Alfredo Embid y su boletín Armas para defender la salud.

Resulta que el Dr. Donald Light,
profesor de salud comparada en la Universidad de Medicina y Odontología
de Nueva Jersey, realizó un estudio que concluyó que la gran industria
farmacéutica (Big Pharma, dicen los anglosajones) es un mercado de medicamentos me too (yo también), es decir, de fórmulas ya existentes que vuelven a patentarse con pequeños cambios que no aportan novedad terapéutica alguna.
Las farmacéuticas que venden estos medicamentos, casi todos como
podemos comprobar, gastan una fortuna en marketing para conseguirlo.

El Dr. Light, presentó su investigación el 17 de agosto en Atlanta en la 105ª sesión anual de la Sociedad Americana de Sociología:

“A veces las compañías farmacéuticas ocultan o subestiman los datos sobre reacciones adversas graves de los nuevos medicamentos y exageran sus beneficios. Luego gastan de dos a tres veces más tiempo en la comercialización que en la investigación para convencer a los médicos de que prescriban estas especialidades nuevas. La información puede ser engañosa y los médicos pueden desinformar a los pacientes sobre los riesgos de la nueva droga”.

El documento del Dr. Light ha sido publicado en Science Daily y en la revista de la Asociación Americana de Sociología con el título de Productos farmacéuticos: Un mercado de basura a dos velocidades produciendo graves daños.

Según
el nuevo estudio, las grandes empresas farmacéuticas tienen éxito en la
venta de drogas de imitación -que a mí personalmente me parece un
fraude científico pues no tiene sentido conseguir una patente por algo
que no es nuevo- por tres razones principales:

1- son las responsable de dirigir los estudios sobre sus propios remedios.

2- han gastado millones en la construcción de un escudo de protección jurídica para ocultar información acerca de los peligros o la ineficacia de un fármaco.

3- el umbral de eficacia de los fármacos es lo suficientemente bajo para que sea fácil obtener la aprobación de una nueva especialidad.

Las conclusiones dee ste doctor se basan en una amplia gama de fuentes de datos y estudios, incluido el Canadian Patented Medicine Prices Review Board, la Food and Drug Administration (FDA, agencia estadounidense de medicamentos), y Prescrire International (un diario francés que publica investigación detallada sobre farmacología, toxicología y farmacia).

Light
explica que las corporaciones farmacéuticas han maximizado el número de
personas expuestas a nuevos fármacos con baja eficacia y mayor riesgo de efectos secundarios,
a menudo graves. El Dr. Light ha puesto de manifiesto que las compañías
farmacéuticas gastan millones en enormes campañas de promoción para
lanzar sus nuevas panaceas y mediante el reclutamiento de médicos
“eminentes” que utilizarán este nuevo medicamento para tratar otras condiciones distintas de aquellas para las que se ha homologado.

Las empresas promueven el uso fuera de las indicaciones aprobadas. Tratan así de obtener aún más ventas y de convertir a muchos médicos en lo que Light llama “agentes dobles”,
que trabajan para impulsar las ventas de nuevos fármacos, mientras que
se supone que deben ser los guardianes del bienestar de sus pacientes.

A
pesar de las numerosas condiciones teóricamente requeridas en los
ensayos de eficacia y seguridad antes de aprobar cada nuevo medicamento,
las compañías farmacéuticas utilizan la estrategia de “inundar a la autoridad de control
con ensayos clínicos incompletos sesgados y de baja calidad. Por
ejemplo, en un estudio de 111 solicitudes para su aprobación final:

– el 42% no tenía suficientes ensayos clínicos aleatorios, es decir escogiendo a los pacientes que iban a tomar la droga y a los que iban a tomar el placebo al azar.

– el 40% tenía defectos en los ensayos de dosificación.

– el 39% no contenía pruebas de eficacia clínica.

– el 49% planteaba preocupaciones sobre los efectos secundarios graves.

Como
he comentado muchas veces, la FDA o los Centros de Control de
Enfermedades (CDC) y también los organismos internacionales incluyendo a
la Organización Mundial de la Salud (OMS), como lo demuestra el
reciente fraude de la gripe A, está infiltrados por profesionales pagados por los laboratorios.

Donald Light propone algunas soluciones, aunque de no muy largo alcance, pero algo sería algo:

“Algunos cambios que garanticen la calidad de los estudios y
evidencien los riesgos y los beneficios reales de los nuevos fármacos”.
Así, afirma, “podrá aumentar el porcentaje de nuevos medicamentos que
son realmente beneficiosos para los pacientes”. Propone a los ciudadanos “no tomar ningún medicamento que no lleve en el mercado al menos 5 años”.



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